miércoles, 12 de marzo de 2014

Teatro s.XX

                                                                                          Siglo XX



A finales del siglo XIX y comienzos del XX no se produce en España la renovación del arte dramático que sucede en otros países gracias a la obra de directores y autores como Stanislavski, Gordon Craig, Appia, Chéjov o Pirandello. Aquí el teatro es, sobre todo, un entretenimiento para el público burgués que acude con asiduidad a las representaciones. Las compañías teatrales formadas por las grandes actrices y actores del momento, que son además empresarios, están dedicadas a complacer los gustos de este público conservador y convencional. Los casos de Gabriel Martínez Sierra o de la compañía de Margarita Xirgu, dispuestos a jugarse el dinero y el prestigio en el descubrimiento de nuevos autores y en innovaciones estéticas, son excepcionales. También resultan excepcionales las aportaciones de Adrià Gual, creador del Teatre Intim que realizaba una programación de corte europeo. Lo corriente fue el éxito de aquellos autores que como José Echegaray, Premio Nobel de Literatura en 1904, complacían las expectativas del público teatral burgués. Benito Pérez Galdós, otro autor de reconocido prestigio, es un caso diferente. Galdós se atrevió a crear unos personajes femeninos que, como la protagonista de su drama Electra (1901), se enfrentan al fanatismo y al oscurantismo. Las obras de Jacinto Benavente señalan el final del tono melodramático, grandilocuente y declamatorio en el teatro. Benavente inicia con Los intereses creados (1907) o La malquerida (1913) el realismo moderno.

El teatro Español

                                                                                  Teatro Español



Orígenes. El teatro medieval. El teatro español, como el europeo, surge vinculado al culto religioso. La misa, celebración litúrgica central en la religión cristiana, es en sí misma un ‘drama’, una representación de la muerte y resurrección de Cristo. Serán los clérigos los que, en su afán didáctico por explicar los misterios de la fe a los fieles mayoritariamente incultos y analfabetos, creen los primeros diálogos teatrales: los tropos, con los que escenificaban algunos episodios relevantes de la Biblia. Estas representaciones, que tenían lugar dentro de las iglesias, en el coro o parte central de la nave, se fueron haciendo más largas y espectaculares dando lugar a un tipo de teatro religioso que fue el teatro medieval por excelencia. Poco a poco se fueron añadiendo elementos profanos y cómicos a este tipo de representaciones que, por razones de decoro, terminaron por abandonar las iglesias y comenzaron a realizarse en lugares públicos: en los pórticos y atrios de las iglesias, plazas, calles y cementerios.
En España se conservan muy pocos documentos escritos y menos obras teatrales de estos siglos. La muestra más antigua de teatro castellano es el Auto de los Reyes Magos de finales del siglo XII, escrito en romance y probablemente de origen franco. Pero puede decirse que hasta el siglo XV no empezó a cultivarse como tal el género, con Juan del Encina, Lucas Fernández y Jorge Manrique, si se exceptúan los juegos juglarescos populares.
Siglo XVI.




Los parámetros medievales seguirán siendo la clave del teatro español hasta que, en el siglo XVI, se inicia el camino de la modernización que culminará en la creación de un género: la comedia nueva del siglo XVII. El siglo XVI es, por tanto, un momento de búsqueda y convivencia de varias tendencias: la dramaturgia religiosa (Gil Vicente), el clasicismo (Juan de la Cueva), los italianizantes (Juan del Encina, Bartolomé Torres Naharro) y la tradición nacionalista (Juan de la Cueva). La obra dramática más importante de este período es La Celestina de Fernando de Rojas. En realidad es una comedia humanista, hecha más para la lectura y reflexión que para la escena. Se trata de una obra excepcional, magnífico retrato de la época y modelo de la literatura galante posterior. Es, sin embargo, una obra de tan complicada estructura dramática (alrededor de 20 actos) que no fue representada en su época y que sigue teniendo enormes dificultades para su puesta en escena.
Siglo de oro
El siglo XVII es el siglo de oro del teatro en España. Es un momento en el que las circunstancias sociales y políticas determinan una situación excepcional: la representación pública se convierte en el eje de la moral y la estética. Las ‘apariencias’ son fundamentales. El mundo es un gran teatro y el teatro es el arte más adecuado para representar la vida. Se crean las primeras salas teatrales llamadas corrales de comedias, que eran gestionadas por las Hermandades, verdaderos precedentes del empresario teatral moderno. Van a proliferar los autores, las obras y las compañías. El teatro deja de ser un acontecimiento restringido para convertirse en un producto competitivo, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Un interesante debate teórico acompaña el nacimiento y desarrollo de esta forma nueva de entender el teatro. Dos autores de la época nos sirven para ilustrar el sentido y la evolución de este debate y del arte teatral: Cervantes y Lope de Vega.
La Ilustración
El siglo XVIII estuvo marcado en España, por primera vez, por la intervención del Estado en la orientación teatral del país. Bajo el influjo de las ideas de la Ilustración, se creó un movimiento de reforma de los teatros de Madrid, encabezado por Leandro Fernández de Moratín. El cometido principal de este movimiento era recomendar una serie de obras y prohibir otras, bajo la premisa de fomentar exclusivamente ideas que amparasen la verdad y la virtud, apoyando las representaciones que supusieran enseñanza moral o adoctrinamiento cultural. Entre las obras prohibidas figuraban algunas del siglo de oro, pero sobre todo se censuraba a aquellos autores contemporáneos que insistían en la fórmula del siglo anterior. Es preciso señalar que, pese a la censura ejercida, los objetivos de la reforma tenían tintes que hoy llamaríamos progresistas.El estado de la comedia española era francamente deplorable, cumplida cuenta de ello dio Moratín en La comedia nueva o el café (1792), contundente ataque contra los excesos del posbarroquismo. Entre las propuestas de la reforma estaba la obligación de hacer repartos de papeles fundados en las aptitudes de los intérpretes, la dignificación del poeta y la valoración de la figura del director. Sin embargo, y pese a los bienintencionados programas ilustrados, las que triunfaron en el siglo XVIII fueron las llamadas comedias de teatro y las comedias de magia. En ambas, los recursos tramoyísticos tenían un protagonismo casi absoluto. Había encantos, duendes, diablos, enanos que se convertían en gigantes. Los lugares de la acción competían en exotismo. Por más que el género fue objeto de la ironía y el desprecio de los neoclásicos, que veían en él todas las exageraciones de un posbarroquismo mal asimilado, el público respaldaba con entusiasmo este tipo de comedias.


















El romanticismo español no pasa de ser un movimiento arrebatado, con apenas quince años de presencia en el teatro. Sin duda la guerra de la Independencia y el posterior absolutismo de Fernando VII retrasaron la aparición de un movimiento que, como es sabido, tenía tintes altamente revolucionarios. No obstante, podemos decir que los románticos españoles coinciden, en sus grandes directrices, con los alemanes y franceses: afán de transgresión, que explica las frecuentes mezclas de lo trágico y lo cómico, el verso y la prosa, tan denostadas por los neoclásicos; abandono de las tres unidades; especial atención a temáticas que giran en torno al amor, un amor imposible y platónico con el telón de fondo de la historia y la leyenda y abundantes referencias a los abusos e injusticias del poder; unos héroes misteriosos, cercanos al mito, abocados a muertes trágicas pero siempre fieles a su motivo amoroso o heroico. En este sentido, el héroe romántico por excelencia es el protagonista del Don Juan Tenorio de Zorrilla. En su romántica versión del mito, Zorrilla dota a la leyenda de unos inusitados niveles de teatralidad y, sobre todo, muestra a un personaje capaz de redimir con el amor su condición de burlador, obteniendo así el consiguiente perdón divino que dos siglos antes le negara Tirso de Molina.
En cuanto a las formas de representación, hay que destacar que es en este período —y las ideas de Larra, que dedicó muchos de sus artículos a los problemas que acosaban al teatro, influyeron en este sentido— cuando los actores se plantean por primera vez la necesidad de renovar las técnicas de interpretación. "Es preciso que el actor" —apunta Larra— "tenga casi el mismo talento y la misma inspiración que el poeta, es decir que sea artista". La inauguración, en 1830, del Real Conservatorio de Música, fue el primer paso hacia la consolidación de los estudios de interpretación.

miércoles, 5 de marzo de 2014

REGLAS DE ORTOGRAFÍA Y REGLAS ORTOGRÁFICAS DE B Y V

Normas de ortografía


br
bl

Las secuencias /bl/ y /br/ se escriben siempre bl y br.
bibliófilo, hebra, lombriz, membrana, niebla, palabra
rambla, robladura, tabla, tiemblo, tiniebla, vértebra


ba
 en pretéritos

En las terminaciones regulares verbales de pretérito es bababasbamosbaisban
hablaba, ibas, amábamos, jugábais, entraban


Reglas ortográficas de b y v


bir
 en verbos

Los verbos con la terminación bir:
adscribirapercibircircunscribircohibirconcebirdescribirdesinhibir
escribirexhibirincumbirinhibirinscribirmanuscribirpercibir
preconcebirprescribirprohibirproscribirrecibirreescribirsobreescribir
sobrescribirsubirsubscribirsucumbirsuscribirtranscribirtrascribir
Excepciones:
bienvivirconvivirdesvivirhervirmalvivirpervivir
rehervirrevivirservirsobrevivirsupervivirvivir
No es un verbo duunvir.


bilidad
 final

Los derivados del sufijo ble.
accesibilidad, aceptabilidad, adaptabilidad, admisibilidad, alterabilidad
amabilidad, combustibilidad, compatibilidad, comprensibilidad, compresibilidad
comunicabilidad, condensabilidad, conmutabilidad, contabilidad, dilatabilidad
disolubilidad, disponibilidad, divisibilidad, durabilidad, edificabilidad
elegibilidad, estabilidad, estimabilidad, flotabilidad, gobernabilidad
habilidad, habitabilidad, imprescriptibilidad, impresionabilidad, improbabilidad
imputabilidad, inexorabilidad, infalibilidad, inflexibilidad, ingobernabilidad
inhabilidad, ininteligibilidad, inmutabilidad, innumerabilidad, insaciabilidad
insatisfacibilidad, intratabilidad, irreprochabilidad, irrevocabilidad, irritabilidad
legibilidad, maleabilidad, mensurabilidad, morbilidad, mutabilidad
navegabilidad, notabilidad, pasibilidad, penetrabilidad, perceptibilidad
perdurabilidad, perfectibilidad, permeabilidad, permutabilidad, placibilidad
previsibilidad, probabilidad, racionabilidad, refrangibilidad, rentabilidad
respetabilidad, responsabilidad, sociabilidad, solubilidad, susceptibilidad
variabilidad, vegetabilidad, viabilidad, visibilidad, volubilidad
Son con v, por no ser derivados del sufijo blecivilidad (de civil) y movilidad (de móvil).


ivo
iva final

Los numerosos nombres y adjetivos con el sufijo ivoiva. No se incluyen, por tanto las formas verbales de verbos enbar, bir.
ablativo, abortivo, abrasivo, abusivo, activo, administrativo
alusivo, biyectivo, calificativo, caritativo, cautivo, chivo
consultivo, cualitativo, cuantitativo, cultivo, curativo, cursiva
difusivo, digestivo, dilatativo, dilusivo, diminutivo, disolutivo
efectivo, encarnativo, enumerativo, enunciativo, equitativo, eradicativo
espirativo, esquivo, estativo, exclusivo, execrativo, exfoliativo
fecundativo, fricativo, fruitivo, fugitivo, furtivo, generativo
genitivo, gustativo, hiperactivo, hipertensivo, humectativo, identificativo
impeditivo, imperativo, implosivo, impositivo, improductivo, impugnativo
intransitivo, introspectivo, intuitivo, invasivo, invectiva, inventivo
meditativo, memorativo, menospreciativo, mostrativo, motivo, multiplicativo
olfativo, oliva, operativo, opresivo, optativo, orientativo
prospectivo, protestativo, provocativo, proyectivo, psicoactivo, pulsativo
reflexivo, reformativo, refractivo, refrigerativo, regenerativo, regitivo
sustractivo, taxativo, vocativo, volitivo, vomitivo, votivo
Excepciones:
amibocatiboderriboestribogáliborecibo
arribacribadiatribaescribaestibagiba
jaiba


dv

Tras d se escribe v. Esta combinación apenas se da más que adv inicial y en la práctica no hay excepciones:
advenedizoadvenimientoadveniradventicioadventismoadverbio
adversarioadvertenciaadvertiradvientoadvocaciónanimadversión


voro
vora finales

La terminación vorovora.
carnívoroherbívoroinsectívoroomnívoropólvorapiscívoro
Excepción: víbora.


amb, umb

Los grupos amb, umb. También muy a menudo en las palabras con emb, imb, omb, pero la regla es menos general por los prefijos en, in, con ante palabra que empieza por v.
ambiente, cambalache, caramba derrumbe, ensamble, gamba, hambre
lambda, lumbre, penumbra, rumbo, también, umbral, umbroso, zumbido
Excepciones:
anversobuganvillacircunvalacióncircunvalarcircunvecinocircunvolar
circunvoluciónduunvirduunviralduunviratoduunvirotranvía


b
 en algunos afijos

Algunos afijos que se escribe con b son los siguientes:
bene, ben‘bien’benéfico, benévolo, benefactor, beneficencia, beneficio, benemérito, beneplácito, benigno, bendecir
bis, biz, bi‘dos veces, doble’bisabuelo, bisagra, bisección, bisel, bisílabo, biznieto, bicicleta, bicolor, bifurcar, bilateral, bilingüe, billón, bipartito
bio‘vida’bioética, biocenosis, biodinámica, biodiversidad, biogénesis, biología, biometría, biomasa, biopolímero, bioquímico, biosfera
El prefijo biz es parónimo de viz.


v
 en algunos afijos


vice, viz, vi‘en vez de’virrey, vicerrector, vicepresidente, vicegerente, vicealmirante, vicecónsul, vicedecano, vicedirector, viceprovincia, vicesecretario

Ficha de lectura

                       Sebastian Darke el Príncipe de los bufones





Título: Sebastian Darke el príncipe de los bufones.

Autor: Philip Caveney.

Número  de Páginas: 370.

Editorial: Alfaguara Juvenil.

Resumen del libro


A los 17 años de edad, el bufón Sebastián Darke viaja a la ciudad de Keladon en un intento de llenar los zapatos de su difunto padre, Alexander, y convertirse en un bufón adecuado, y por lo tanto salvarse a sí mismo y su madre de la pobreza. En el viaje que realiza, Sebastián se reúne con el guerrero Cornelius Drummel, y la bella princesa Kerin, futura reina de Keladon. Sin embargo, cuando Sebastian, Cornelius y el bufalope de mal genio de Sebastián, Max, llegan a Keladon, se ven metidos en la trama del Rey Septimus para acabar con su sobrina, la princesa Kerin, y asegurarse de seguir siendo el rey para siempre. Él quiere ganarse la vida de bufón del rey. Cuando, secuestran a la reina, el enano soldado y el la rescatan, y así van hacia el reino. Ellos logran acabar con el rey con la ayuda del pueblo de Keladon. Cornelius les cuenta a Sebastian y a Max que encontró un mapa con un tesoro que pertenecía al Rey de los Piratas, Sebastian no puede ver que la princesa se case con alguien a quien no ama, así que los 3 se van en busca del tesoro marcado en el mapa.